
Jeray es un niño.
Un niño de los que no paran quietos, de los que hacen mil preguntas, de los que sueñan incluso cuando el cuerpo se cansa.
Pero Jeray también es un niño que ha aprendido demasiado pronto lo que es luchar.
El cáncer llegó a su vida cuando aún no sabía pronunciar bien la palabra miedo. Desde entonces, ha atravesado etapas duras, muy duras… de esas que no deberían existir en la infancia.
A su lado, siempre, están Maite y Juan.
Su mamá y su papá.
Ellos no se apartan. Nunca. Son brazos cuando faltan fuerzas, son calma cuando todo tiembla, son hogar incluso dentro de un hospital.
Hace un tiempo, la medicación empezó a apagarle la vista.
El mundo se volvió borroso.
Los colores se alejaban.
Y aun así, Jeray seguía buscando la luz.
Necesitaba unas gafas especiales.
Muy especiales.
Tan especiales que parecían inalcanzables.
Hasta que un día, entre tantas visitas médicas, Jeray vio unas monturas con dibujos de Sonic. Y sus ojos —los mismos que empezaban a fallar— brillaron de una forma distinta. Por primera vez en mucho tiempo, algo le hacía ilusión de verdad.
Su mamá nos llamó.
Y en Garabato no hubo dudas, ni cálculos, ni espera.
Solo una certeza sencilla y profunda: había que hacerlo posible.
Nuestro presidente fue hasta Afflelou Badajoz. Y allí, donde la humanidad aún sabe abrirse paso, ocurrió algo hermoso:
Jeray se llevó dos gafas por el precio de una.
Hoy Jeray vuelve a ver mejor.
Hoy puede mirar a su alrededor con un poco más de claridad.
Hoy el mundo vuelve a tener contornos, colores… y futuro.
Para nosotros, esto es Garabato.
Convertir la solidaridad anónima en pequeños milagros.
Sostener cuando duele.
Acompañar sin hacer ruido.
Gracias a quienes, sin conocer a Jeray, han sido parte de su historia.
Gracias por ayudar a que un niño vuelva a mirar.
Y sobre todo, gracias por permitir que la esperanza siga teniendo forma de infancia.



